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A la luz de una vela se escribieron las grandes obras...

Historia del Periodismo en Jalisco
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Derechos Reservados 1999. Profr. Efraín de la Cruz G.- Dirección General del Derecho de Autor.SEP
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1ª. Parte

EL ORIGEN
Una Investigación de Efraín de la Cruz G
Con la colaboración de la Universidad de Guadalajara
Con la Colaboración de la Universidad Autónoma de México

*** El antecedente más antiguo del periodismo en México se encuentra en las hojas volantes que empiezan a circular alrededor de 1542. En el siglo XVII se establecen las antiguas Gazetas, periódicos de vida escasa y pobre que publican noticias cuando llegan barcos de España a Veracruz.

En 1722 aparece mensualmente, la primera Gazeta de México, redactada por don Juan Ignacio María Castorena y Ursúa. Seis años después reaparece y, en 1734, cambia su denominación por la de Mercurio de México.

En 1772 don José Ignacio Bartolache da a la estampa su Mercurio Volante, que introduce en el periodismo la divulgación científica. En 1805 sale a la luz El Diario de México, de don Carlos María Bustamante, con el que se cierra la actividad periodística colonial. La función principal de este periodismo es fundamentalmente informativa y el propósito literario ocupa un lugar secundario.

El periodismo político nace con la Independencia y tiene carácter polémico. Las primeras publicaciones de esta clase son: El Despertador Americano (1811), El Telégrafo de Guadalajara (1811), El Ilustrador Nacional (1812), El Semanario Patriótico (1812). La libertad de imprenta promulgada en 1812 estimula el periodismo y entre las publicaciones que nacen con ese motivo está El Pensador Mexicano, de Fernández de Lizardi, que propone nuevos temas: la educación popular, la libertad de cultos, la esclavitud, etc. Lizardi llena con su personalidad y con sus abundantes publicaciones un capítulo interesante del periodismo mexicano.

En el período inmediato posterior a la invasión del territorio español, sobrevino una serie de inquietudes tanto en las esferas ilustradas como en la población en general, sobre los destinos de las tierras americanas y los súbditos de las colonias españolas en este continente.

Tales inquietudes dieron origen a diversas tácticas, muy particularmente la propagación de la lucha en el ámbito ideológico, donde la prensa jugo un papel preponderante para los bandos contendientes.

La relevancia del periodismo revolucionario independentista, si bien es múltiple, su raíz principal fue la de constituirse en fuente permanente de contacto entre los ideales insurgentes y diferentes sectores y actores sociales; es por su mediación como se logra trasmitir códigos, representaciones sociales y patrones culturales a los que aspira constituirse la anhelada nueva nación mexicana. Este acceso de comunicación también permitió la creación del espacio de lucha ideológica, justificación y reivindicación de la insurgencia criolla; en contraposición con la prensa preocupada en su control y concentrada en su ubicación, sujeta a tendencias comerciales - económicas, y con vínculos determinados a grupos de interés (como hoy la conocemos).

LA PRENSA INSURGENTE

La prensa insurgente es más humana, pudiéramos decir casi artesanal; busca el contacto con lo que llamaríamos opinión pública, y más allá del contacto pretende congraciarse y satisfacer a dicho público lector. La importancia de la prensa como medio informativo y su impacto en la sociedad aun está por explorarse en sus diversas facetas, sin embargo se puede considerar un medio extraordinario de contacto entre insurgentes y conglomerado social, así como espacio de expresión entre los diferentes actores.

No sólo los insurrectos echan mano de la prensa escrita para abogar por su causa; En realidad fueron las fuerzas opositoras a estos, es decir los realistas quienes en primer término, emplean este recurso como arma para desacreditar la lucha independentista en las colonias.

Es a partir de las primeras noticias del levantamiento insurgente, cuando aparece como reacción el empleo de este medio informático bajo la forma de pequeños escritos, los cuales se distribuyeron copiosamente entre la población; desde la ciudad de México las principales corporaciones realistas (Universidad, Consulado, Arzobispado, Santo Oficio) lanzaban un diluvio de impresos para desacreditar y aplastar en el terreno moral religioso y político, a la revolución y a su primer caudillo. Muchas son las variantes: excomuniones, acusaciones de herejía, desinformación sobre la situación real, argumentos a favor de la continuación del régimen, etc.

Múltiples fueron los artifugios de los que se valió el bando realista para calmar la euforia que levantaban el movimiento revolucionario independentista. De entre ellos, el que se utilizó con más profusión fue la prensa, misma a la que no tuvieron acceso los insurgentes en los inicios de la lucha.

Tales circunstancias dieron origen a una serie de escritos y manifestaciones fomentadas por los bandos en pugna y los representantes de las diferentes corrientes de opinión. En tales escritos se buscaba que junto con los razonamientos a favor de la posición asumida, éstos fuesen propuestos por gente de peso social que debido a su prestigio moviera a los indecisos hacia la posición que dicho personaje representaba, un ejemplo en el caso del bando realista se sabe que: "Mandó publicar el virrey y se imprimieron a expensas de la universidad unas reflexiones del Dr. D. Luis Montaña, médico que gozaba de mucha reputación".

EL PERIODISMO INSURGENTE

La falta de acceso al medio impreso por parte de los insurgentes, era una desventaja fuerte en el terreno de la lucha ideológica, de ahí que Hidalgo lanzara prioritariamente una la réplica a la propuesta del régimen monárquico a través de manuscritos que eran colocados en las puestas de los templos, para hacerlos accesibles al pueblo en general: "Por no haber imprenta en Valladolid se pusieron ejemplares manuscritos del manifiesto en las puertas de los templos, y luego que llegó Hidalgo a Guadalajara lo imprimió".

Es hasta su llegada a la ciudad de Guadalajara cuando los insurgentes libran el camino para llegar a este importante medio de difusión, el contar con una imprenta a su disposición permitió a las fuerzas independentistas apoyarse en el poderoso recurso para extender la revolución a través de la palabra escrita.

En aquella época no había imprentas mas que en Méjico, Puebla, Veracruz y Guadalajara, y todas habían estado sin excepción en poder del gobierno, quien había hecho uso de ellas para cambiar la revolución con todo género de escritos. Ahora esta terrible arma se volvía contra los que la habían empleado, e Hidalgo aprovechándola estableció un periódico titulado el "Despertador Americano".

Gracias a la imprenta de Guadalajara, fue posible reproducir la réplica de Valladolid en la que se propone un régimen democrático de gobierno: "Establezcamos un Congreso Nacional que se componga de representantes de todas las ciudades, villas y lugares del reino, que teniendo por objeto principal mantener nuestra santa religión, dicte leyes suaves, benéficas y acomodadas a las circunstancias de cada pueblo". Se hace además la defensa de los insurgentes en especial de Hidalgo sobre las acusaciones de la inquisición; así como numerosas proclamas y otros papeles que permitieron difundir los ideales insurgentes.

El periodismo insurgente emerge como resultante de una necesidad de difusión ideológica y propósitos de lucha del movimiento independentista además de dar a conocer las acciones de guerra.

EL DESPERTADOR AMERICANO

Dadas las condiciones de extrema censura bajo la que se encontraba cualquier documento escrito durante la etapa colonia, porque todo material impreso era escrupulosamente supervisado por el Consejo de Indias para fin de ser autorizado su ingreso al Nuevo Mundo; Es el Despertador Americano como periódico insurgente, quien irrumpe en el escenario social del occidente mexicano y fractura el sistema político al escapar de la vigilancia civil y eclesiástica. Conforma en sí mismo un medio y un fin de contacto, de comunicación entre la insurgencia y la opinión pública, sin intermediarios o censura alguna: "El periodismo insurgente es la primera manifestación del alma libre de la Nueva España. Antes de El Despertador Americano ningún periódico, ninguna publicación de la clase que fuera, había escapado al rigor de la censura".

Es Hidalgo el primer caudillo latinoamericano que utiliza el instrumento de la prensa escrita periódica en su lucha, al fundar en Guadalajara El Despertador Americano y designar como director al también religioso Francisco Severo Maldonado. A partir de él, todos los grandes líderes de la independencia utilizarían el periodismo como instrumento de lucha; arriban así a un cambio de mentalidad hacia la consecución de la libertad de pensamiento y expresión.

El Despertador Americano constituye por ello, una obra de importancia primaria, en el conocimiento historiográfico mexicano durante la etapa revolucionaria, por su intención y promoción de un nuevo paradigma del hombre americano, así como el antecedente inmediato del devenir del pensamiento liberal mexicano del siglo XIX.
Los textos del Despertador Americano pretenden proyectar una ideología de lucha, su discurso busca explicar las circunstancias por las cuales se llegó al enfrentamiento armado; legitima esta lucha y termina promoviendo la colaboración de la sociedad.

En el diario insurgente se condena con razones y con hechos, lo absurdo de las condiciones sociales del régimen colonial imperante, la importancia de abrir la mente y la organización social, económica y política, a nuevas posibilidades de desarrollo; busca así mismo proyectar una imagen positiva de la insurgencia americana y un juicio condenatorio a las acciones españolas aplicadas en América. Por su contenido y particulares características el Despertador Americano constituye un testimonio vivo donde los propios protagonistas de la insurgencia plasmaron y dieron a conocer su punto de vista sobre el escenario histórico en el que estaban inmersos. "Sus autores no escriben las obras en un mundo abstracto, sino en un mundo histórico que tiene su cultura y su tiempo".
En la región donde surge la edición del Despertador Americano, se fermentaban las condiciones apropiadas para el ejercicio de la discusión, la presencia de una opinión pública integrada por ciudadanos respetables –pudientes- criollos y mestizos con una formación suficiente para leer y discutir los contenidos de los escritos, que en aquellos tiempos se distribuían no sin dificultades, pero de manera frecuente.

Asimismo, existía, como ya se comentó, una imprenta artesanal que se encontraba en uso al arribo de los insurgentes a la ciudad de Guadalajara; esto les permitió disponer de este importante recurso de penetración, al que anteriormente no les había sido posible tener acceso

Los espacios públicos de discusión en Guadalajara y su región, así como en otras latitudes americanas, eran generalmente los salones y las tertulias, -como lo ha señalado acertadamente Edmond Cros- las boticas y barberías, donde en ocasiones acudían los propios insurgentes disfrazados de forasteros, a entablar las discusiones en torno a los asuntos de interés público.
Las circunstancias particulares bajo las cuales surge el Despertador Americano son que una vez establecido Hidalgo en Guadalajara, hacia noviembre de 1810, se presentó ante él, Don Francisco Severo Maldonado para ofrecer sus servicios a la causa independentista: "no para obtener un mando militar o pedir elementos e instrucciones para sublevar una región", puesto que no era soldado ni pretendía serlo; sus armas eran la palabra y la pluma y eso ofrecía al Cura de Dolores.
Hidalgo, conocedor del prestigio de Maldonado, no vaciló en encargarle, como ya se dijo antes, una de las tareas delicadas del movimiento: la publicación de un órgano de difusión del ideario de la insurrección: El Despertador Americano, titulo que expresaba el sentir de la insurgencia: salir del letargo que durante tanto tiempo se padecía.

Los investigadores coinciden en señalar las penalidades y dificultades que la edición de un periódico acarrea y que necesariamente Maldonado tuvo que enfrentar; mas su tenacidad y decidido afán de hacer triunfar sus ideas, las ideas de la insurgencia, lo sacaron avante.

LA CASA DE LOS PERROS

En la capital novogalaica, Guadalajara, por la actual avenida Alcalde, antes Sto. Domingo, en el número 225, finca tradicionalmente conocida como "la Casa de los Perros" por poseer su fachada superior dos magníficas figuras de lebreles finamente talladas en cantera, existía el único taller de imprenta, propiedad de Don José Fructuoso Romero, mismo que había adquirido de Don Mariano Téllez Girón, que según se dice, fue el introductor de este importantísimo medio de comunicación en la capital de la Nueva Galicia, amparado por la real cédula del 10 de agosto de 1792.

El dominico Fray Francisco de la Parra, compadre e íntimo amigo de don José Fructuoso Romero, fungió como mediador entre éste y Maldonado, para que los talleres fueran facilitados a la causa independentista, ya que el fraile también era fervoroso partidario de ella.
No obstante las enormes dificultades que implicaba la publicación de un periódico, dadas las deficiencias de los elementos con que entonces se contaba, Francisco Severo no se amedrentó ante nada y poniendo en juego su tenacidad y afán de hacer triunfar la insurrección, logró dar vida al Despertador Americano.

Tal es el origen del primer periódico insurgente de México.
El doctor José ángel de la Sierra, a la sazón Rector del Colegio de San Juan Bautista, catedrático de la Universidad y del Seminario, de quien Francisco Severo fue alumno en las aulas universitarias, llegó a ser el colaborador inseparable de Maldonado. Se ha llegado a decir que el señor Sierra escribió uno de los siete números del Despertador Americano. Versión semejante corre en torno a don Francisco López Rayón, pero sólo en el primer caso se tienen pruebas que lo confirman.

EL PRIMER NUMERO DEL DESPERTADOR AMERICANO

El 20 de diciembre de 1810 aparecía en Guadalajara el primero de los siete números del periódico. Los seis posteriores lo hicieron en el siguiente orden: los números dos y tres el 27 y el 29 de diciembre de 1810, respectivamente; los números cuatro, cinco, seis y siete, los días 3, 10, 11, y 17 de enero de 1811. Tuvieron el carácter de urgentes o extraordinarios los números tres y seis.

Al precio "exorbitante de dos reales" se agotaban rápidamente los dos mil ejemplares que en cada edición se tiraban. Frases de reproche y proclamas se entremezclaban en los iniciales párrafos del primer número del Despertador. La invasión de España por las fuerzas napoleónicas era el punto medular del texto; Fernando VII y España eran vejados y sus colonias protestaban, o en apariencia eso se mostraba –dijera Silva Hersog, pequeños engaños-. Por tanto se presentaba la alternativa de doblegarse a Francia o independizarse.

Para aquellos tiempos el efecto multiplicativo que la imprenta ofrecía sobre un escrito original resultaba imponente y sumamente favorable para la propagación de la causa insurgente en las diferentes esferas sociales, así lo manifestaron los partidarios de la independencia al expresar: "El auxilio de la imprenta nos es quizás de mayor necesidad que las bocas de fuego".

Efímera fue la vida del Despertador Americano, pero no por eso menos importante. Apenas si se terminaba de imprimir la séptima edición, el jueves 17 de enero de 1811, cuando irónicamente Hidalgo sufría la derrota definitiva que las fuerzas realistas comandadas por el astuto militar realista Calleja le infligieran en Puente de Calderón, distante apenas unas decenas de kilómetros de Guadalajara. Contados ejemplares de este número salieron del taller de imprenta, ya que la distribución de esta fecha no se efectuó y presumiblemente solo ejemplares de prueba o de archivo se conservaron para la posterioridad. Al conocerse la noticia de la derrota, los talleres se cerraron, pero sin recoger los ejemplares del número siete y otros valiosos documentos periodísticos.
El testimonio vivo que nos proporcionan los siete números editados del Despertador Americano, nos permiten conformar parte del cuadro históricos acontecido en el México de la primera insurgencia, ponen al descubierto los temores, la incertidumbre, pero también el empuje y el coraje de afrontar los obstáculos que plantea una revolución de dimensiones independentistas.

Es importante considerar que al momento de surgir, el que ha sido el primer periódico insurgente de México, la ideología revolucionaria adquiere un aspecto formal y dirige su mensaje a los estratos cultos o por lo menos alfabetas de la sociedad en busca de su apoyo.

Como testimonio permite indagar de qué manera la prensa constituyó una representación de la realidad en un momento tan conflictivo, que cimbró todas las estructuras de la sociedad, distintivo en conflagraciones de esta naturaleza.
El objetivo de este trabajo pretende resaltar el papel que jugó la prensa escrita así como otros medios impresos en la formación de una sociedad que opina de manera creciente en los atisbos de un país independiente. Cabe reiterar que una vez que los números del periódico veían la luz, la edición se agotaba rápidamente; lo que deja de manifiesto la avidez de información e interés por conocer el ideario insurgente y sus promotores.

Es con el surgimiento del periódico insurgente como se da la transformación de hombre de armas a hombre de ideología a través de la palabra escrita. Dirigen su discurso patriótico a una naciente opinión pública que efervescente, comenzó a jugar un papel legitimador de dicho discurso, asumiendo la posición de la voluntad del pueblo.

Así, la imprenta del medio cultural, pasa a constituirse como tribuna de combate ideológico, sentando las bases para la tan enarbolada "libertad de imprenta"; dando línea además a los futuros grupos en el poder sobre la importancia de la alfabetización y el recurso de la información como arma política así como la necesidad de un pueblo ávido de información y así lograr una participación más consciente en los asuntos regionales y nacionales.

La violencia de las luchas políticas se manifiesta en las publicaciones de los distintos partidos, como el federalista y el centralista. Los principios liberales alrededor de 1833 son defendidos por don José Ma. Luis Mora en El Sol, La Libertad, El Observador de la República Mexicana y El indicador de la Federación Mexicana. Gracias a las represiones impuestas al periodismo en tiempo de Santa Anna, se desarrolla la prensa literaria con La Revista Mexicana (1835), El Zurriago Literario (1839), El Mosaico Mexicano (1840) y El Museo Mexicano (1845). En 1844 aparece el Siglo XIX: ese mismo año se edita El Monitor Republicano y al año siguiente se publica Don Simplicio de índole política y liberal. En el bando contrario surge El Tiempo, de don Lucas Alamán, partidario de la monarquía, y El Universal. La lucha se hace cada vez más enconada a través de los órganos periodísticos.

Juan Bautista Morales (1788-1856) desata una furiosa ofensiva contra la tiranía y corrupción del régimen de Santa Anna en sus famosos artículos de El Gallo Pitagórico que aparecen en 1844 y 1845 en El Siglo XIX. Morales nació en Guanajuato y murió en la ciudad de México. Fue jurisconsulto de renombre, magistrado, Gobernador de su Estado, presidente de la Suprema Corte de Justicia. Abandonó su prestigio de letrado para escribir por y para el pueblo, como en otro tiempo lo hiciera José Joaquín Fernández de Lizardi. Se inició en el periodismo en 1823 con el Hombre Libre. Su obra en el periódico fue abundantísima, y cuenta con artículos jurídicos, políticos y sociológicos, elaborados con rigor y erudición. Su fama se debe a la serie de artículos firmados con el pseudónimo de “El Gallo Pitagórico” y coleccionados con ese mismo nombre. Este conjunto de temas mexicanos puede considerarse como una de las más completas novelas de costumbres de su época.

Durante la época de la Reforma es muy importante El Siglo XIX, periódico político literario de avisos, porque define la ideología política más avanzada y cuenta entre sus colaboradores con los escritores de mayor valía. Alcanza cincuenta y cuatro años de existencia, y aunque es una publicación política por excelencia, ofrece artículos científicos y literarios de calidad y una amplia información nacional y extranjera. Colaboran en El Siglo XIX. José Ma. Lacunza, Luis de la Rosa, Juan Bautista Morales, José Ma. Iglesias, José Ma. Lafragua, Manuel Payno, Guillermo Prieto, Francisco Zarco, etc.

Entre los periódicos liberales se destaca también El Monitor Republicano, diario de política, artes, industria, comercio, modas, literatura, teatro, variedades y anuncios. Aparece de 1844 a 1896 y es órgano del partido liberal progresista. Escriben para este periódico: Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, José María Vigil, Florencio M. Del Castillo, Juan A. Mateos, etc.

El periodismo del partido conservador cuenta entre sus principales periódicos con El Universal, diario político que continúa la obra de El Tiempo, de Alamán. Cuenta con la colaboración de Alamán, Elguero, Tagle y Aguilar. La Cruz es un periódico exclusivamente religioso. Es sobre todo de índole política. Órgano del partido conservador, colaboran en él, Pesado, Munguía, Roa Bárcena. Pertenecen también al partido conservador: El Omnibus, El Diario de Avisos, La sociedad, El Eco Nacional, etc.
Los periodistas más destacados del partido conservador son: Ignacio Aguilar y Marocho, José Bernardo Couto, Clemente de Jesús Munguía, José Joaquín Pesado, José María Roa Bárcena y Vicente Segura y Argüelles. Los escritores distinguidos en el periodismo de la Reforma son: Ignacio M. Altamirano. Juan Bautista Morales, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez y Francisco Zarco.

BIBLIOGRAFIA

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